miércoles, 3 de febrero de 2010

Los alegatos en el juicio contra los represores de Campo de Mayo

Sólo queda pedir las condenas.
Con los rostros de los desaparecidos en blanco y negro sobre decenas de sillas de plástico y ante la mirada inexpresiva de los imputados, encabezados por el último dictador Reynaldo Benito Bignone, comenzó ayer en Vicente López la ronda de alegatos del juicio oral y público a los ex jerarcas de Campo de Mayo, el mayor campo de exterminio de la última dictadura. Durante casi seis horas los abogados Ciro Annichiarico y Mariana Maurer describieron los 25 casos de secuestros, torturas y desapariciones forzadas que integran la acusación de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación (SDHN). Hoy a partir de las 9.30 desmenuzarán la responsabilidad de cada acusado y pedirán las condenas. Luego comenzará el alegato de la abogada Alcira Ríos y de los fiscales federales Javier De Luca, Marcelo García Berro y Juan Patricio Murray.
La jornada se inició con una hora de demora, ante un par de reporteros gráficos y poco más de veinte personas. La mayoría eran integrantes de la agrupación Peronismo 26 de Julio, que fundó y condujo hasta su muerte Juan Carlos Scarpatti, el sobreviviente que logró fugarse de Campo de Mayo y denunció ante el mundo las atrocidades que bajo la supervisión de Riveros, Verplaetsen & Cía. se cometían en El Campito y los otros tres centros clandestinos que funcionaron en la mayor unidad del Ejército.
Los chaparrones sobre el techo de chapas de la sociedad de fomento José Hernández obligaron al Tribunal Oral Federal 1 de San Martín a realizar varios cuartos intermedios. Junto a Bignone, de 82 años, se sentaron en el banquillo los ex generales Santiago Riveros, Jorge Osvaldo García (ambos condenados por las torturas y el asesinato de Floreal Avellaneda), Eugenio Guañabens Perelló y, con sus anteojos negros reglamentarios, el coronel Alberto Roque Tepedino, ex jefe del Batallón de Inteligencia 601. Estuvieron ausentes el ex jefe de inteligencia del Comando de Instituto Militares general Fernando Verplaetsen, que prefirió seguir el alegato desde una sala contigua, y el ex comisario Germán Montenegro, que no figura entre los acusados de los casos que lleva la SDHN.
Annichiarico y Maurer se alternaron en la tarea de describir de manera pausada los casos que forman parte del juicio. El representante del Poder Ejecutivo se detuvo en el caso Scarpatti. Lo definió como “un verdadero héroe que permitió echar luz sobre el pozo negro de Campo de Mayo, el más grande de los centenares de centros clandestinos del país, por el que pasaron más de cinco mil personas”. Recordó que varios de los jerarcas de Campo de Mayo se jactaban de comandar “el más efectivo” de los centros de detención y contrapuso su imagen con “la valentía de Cacho Scarpatti, que logró recuperarse después de recibir ocho balazos, simuló colaborar para poder acceder a todos los rincones de Campo de Mayo y, luego de fugarse, permitió conocer el funcionamiento interno, saber de muchos cautivos que luego desaparecieron, y echó luz sobre los victimarios”.
Los abogados destacaron el ejemplo del psiquiatra Eduardo Covarrubias y su esposa, Beatriz Castiglione, sobrevivientes y testigos en el juicio. El hombre figuraba en la agenda de un amigo junto a la sigla FAP, que en su caso no significaba Fuerzas Armadas Peronistas sino Federación Argentina de Psiquiatría. Por ese motivo fue secuestrado y torturado junto a su mujer durante dos semanas, hasta que la denominada “inteligencia militar” admitió su torpeza y los liberó. Anicchiarico destacó que, “pese a no tener una militancia previa, su compromiso solidario los llevó a aportar nombres y datos fundamentales para armar el rompecabezas de Campo de Mayo”.
Uno de los casos más estremecedores fue el de la familia Meza Niella, secuestrados y torturados en el Colegio Militar de la Nación y luego en El Campito. En enero de 1978, cuando un grupo de tareas del Ejército se lo llevó encapuchado junto a su mamá y sus hermanos, Walter Meza Niella tenía apenas 14 años. Durante las semanas siguientes no sólo tuvo que soportar los tormentos, también escuchar los gritos de dolor de su madre. Antes de liberarlo un militar le dio un consejo: “Olvidate de todo lo que viste, leé mucho la Biblia y no te metas en política”.
Igual que durante las testimoniales, Bignone & Cía. siguieron el alegato como quien escucha una historia ajena y desconocida. “La gente recuerda a Bignone como el militar bueno que permitió las elecciones y le puso la banda presidencial a Alfonsín. Este juicio permite conocer su verdadero rostro, el del personaje siniestro que actuó en plena dictadura en el Comando de Institutos Militares y que a varios familiares de víctimas les sugirió olvidarse de sus seres queridos porque, decía, ‘no se puede hacer nada’”, destacó Anichiarico. Hoy la Secretaría concluirá el alegato y pedirá las condenas. Luego será el turno de la acusación de Alcira Ríos, abogada de la familia Quintela Dallasta, y del Ministerio Público Fiscal.

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